Editar no es publicar: ¿cuándo comienza un libro?
If you have Mark Twain, don’t try to make him into a Shakespeare.
Maxwell Perkins*
¿Editar y publicar un libro es lo mismo? ¿Quién selecciona los manuscritos? ¿Cuándo realmente un manuscrito se convierte en un libro? ¿Para quién se edita? Estas preguntas surgen constantemente en el mundo del libro. Las respuestas suelen ser variadas, aunque tienen un mismo núcleo: qué ocurre entre el texto que alguien escribe y el libro que llega a las y los lectores.
Editar y publicar son dos dimensiones de un mismo proceso que se relacionan y, aunque no son lo mismo, no se pueden pensar por separado.
La palabra "editar" proviene del latín edĕre que significa 'hacer salir', 'parir', 'publicar' [1]; mientras que "publicar", de publicāre, significa "hacer público" [2]. Parece un juego de palabras y, a pesar de que comparten su raíz etimológica, nombran prácticas distintas. De hecho, en el mundo editorial contemporáneo, no son sinónimos, sino dos dimensiones con funciones diferentes.
El punto de partida del proceso editorial, en su conjunto, es la selección. El hecho de decirle que sí o no a un manuscrito es ya una decisión editorial, es el primer paso para crear una mediación editorial o lo que yo llamo un puente —entiéndase aquí "manuscrito" en su tercera acepción de la RAE: "Texto original de una publicación" [3]—.
Pero no queda aquí, en un sentido estricto, editar implica trabajar sobre ese manuscrito que ya ha sido evaluado y aceptado para formar parte de un catálogo. Un manuscrito es una posibilidad, un libro en el futuro, que tendrá que atravesar diversas elecciones editoriales antes de materializarse y entrar en circulación.
Una vez superada esta etapa, quien edita interviene el texto para que encuentre su forma, su estructura, su voz y comunique aquello que la o el autor propone a sus lectores. El escritor, crítico y teórico literario francés Gérard Genette, por ejemplo, señala que el paratexto reúne elementos que hacen posible que un texto se convierta en libro y pueda así ser ofrecido a sus lectores, y a la sociedad en general [4]. Esto quiere decir que un libro no solo es fondo, sino también forma; es decir, contenido y cómo este se organiza, se presenta y se ofrece.
Quien edita es un nexo, es quien permite un encuentro entre el manuscrito y sus lectores. No solo se trata de mejorar un texto o de repotenciar la voz del autor, sino de preguntarse qué necesita una obra para encontrarse con quienes esperan leerlo.
Es aquí donde aparece la publicación. Un libro en circulación no existe solo porque su manuscrito ha sido editado; esto no garantiza su existencia. De hecho, hay libros que se editan y quedan guardados en el archivo de una computadora y nunca son leídos.
Hay aún un camino por recorrer para que un manuscrito se convierta en un objeto —impreso, digital o audio— y, sobre todo, para que entre en circulación. Por ello, aquí cobra sentido el "hacer público". Esto implica llegar a todos los espacios donde se encuentren las y los lectores o donde puedan acceder a ese contenido. El historiado francés Roger Chartier, en The Order of Books, plantea que las formas materiales que permiten la circulación del libro son parte de la relación que un lector establece con el texto, y que la forma en que el texto llega al lector condiciona la forma en que lo lee y se relaciona con él [5].
En este proceso, las decisiones editoriales se alinean con los presupuestos, las estrategias comerciales, la divulgación, los formatos, las diversas condiciones de acceso, entre otras. Entonces, ¿qué hace quien edita? Toma esas decisiones. Decide qué conservar, qué reorganizar, qué rehacer, qué eliminar, qué resaltar, o qué no. Lo hace teniendo en cuenta a quien escribe, a quien lee, la obra y las condiciones en las que esta será publicada. Desde el lado del autor, me hace pensar en lo que mencionaba el famoso editor estadounidense Maxwell Perkins: un editor no tiene por qué convertir a Twain en Shakespeare. La más noble de las tareas es que la voz del autor encuentre las mejores formas de llegar a quienes leen.
Editar no es un trabajo mecánico, no es aplicar una fórmula o trabajar con un guion. En el oficio de editar lo que prevalece es el criterio (esta es la razón por la que me gusta tanto ser editora). Editar un libro es crear un puente; de la misma forma, que hacer un catálogo es diseñar una red. Cada uno de los títulos de un catálogo se relaciona con otros, tiene un público lector, pertenece a una categoría o disciplina, tiene un autor, una autora o múltiples autores, entre otros.
Por eso, es importante entender que la primera decisión editorial no ocurre en una página, sino sobre un catálogo: qué entra y qué no. Esta gran decisión, fundamentada personal o colectivamente nunca es neutral, pues responde a una política editorial y está pensada en los lectores. Me gusta pensar que crear un catálogo es formar un mundo editorial, que expresa qué merece ser publicado, preservado y puesto en diálogo con sus lectores —y, por ende, que no lo merece—.
¿Es acaso tan sencillo separar la edición de la publicación? No, porque no es una línea continua; y, probablemente, ahí radica la confusión. Es una intersección de decisiones, ya que un formato, una traducción o el número de páginas de un texto puede impactar en cómo recibe una o un lector el libro en su forma final. No se publica para quien edita ni para una institución, sino para quien lee.
Para terminar, regreso a la pregunta del inicio: ¿cuándo comienza realmente un libro? Quizá no comienza en un único momento, sino cuando una autora o un autor tiene la idea, cuando empieza a escribir el manuscrito, cuando decide presentarlo a una editorial, cuando ese manuscrito es seleccionado para integrar un catálogo o cuando las decisiones tomadas permiten que ese contenido llegue a quien tenga que llegar. Así también, cada vez que alguien lo lee, es un nuevo incio.
Editar y publicar no son lo mismo. Editar es intervenir en fondo y forma para que el manuscrito se convierta en un libro; y publicar es hacer posible su existencia en el mundo. Además, y con esto termino, el trabajo editorial no solo se trata de un libro en particular, sino en el catálogo que se construye, en las voces que se difunden, en los conocimientos, ideas, arte que se ponen en circulación.
Bibliografía
*Berg, S. (2016). On Max Perkins, One of America's Greatest Editors. The Genius Behind the Genius of Fitzgerald, Hemingway, Wolfe, and More. Literary Hub. Disponible en: https://lithub.com/on-max-perkins-one-of-americas-greatest-editors
[1] Real Academia de la Lengua Española. Diccionario de la lengua española. Disponible en: https://dle.rae.es/editar
[2] Real Academia de la Lengua Española. Diccionario de la lengua española. Disponible en: https://dle.rae.es/publicar
[3] Real Academia de la Lengua Española. Diccionario de la lengua española. Disponible en: https://dle.rae.es/manuscrito?m=form
[4] Genette, G. (1997). Paratexts: Thresholds of Interpretation. Cambridge University Press.
[5] Chartier, R. (1992). The Order of Books. Stanford University Press.
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